13 de novembre 2011

hIStOrIa dE uNos PiEs cAsTigAdOs

La semana pasada decidí ponerme en marcha, mi objetivo 156 km a pie. Mis piernas como  vehículo de transporte. Parecía una idea tan brillante... El motivo exacto me lo estuve preguntando durante los primeros 100km. ¿ Por qué ? ¿ Por qué cojones he de sufrir? Porque sufrí, no lo negaré. Quizás  ayudó el peso de mi mochilón, 10 kg!!!
Sentía la necesidad de romper con mi rutina, salir de mi ciudad  y perderme por los coloridos campos. Paisajes de postal, entornos bucólicos. Mi pretensión era que mi mente no tuviera un rumbo fijo, libre para pensar en lo que le viniera en gana. Sin límites, durante largas horas bajo las inclemencias  del tiempo.
Y así fue, pero reconoceré que los tres primeros días los dediqué a cagarme en todo. Qué dolor! Una gran lección me ha enseñado no tanto mi mente  sino mi cuerpo. El poder de la regeneración, de la superación.
Todo empezó en Piedrafita un sábado por la mañana y acabó en viernes en Santiago de Compostela. Al llegar no vi la luz, vi una cama estupenda y agua caliente. Siete etapas, duras para alguien que no está acostumbrado a cubrir diariamente tantos kilómetros. Para alguien acomodado y poco paciente.
Nunca me había llamado la atención antes hacer el " Camino de Santiago"
Soy atea así que no sentía el impulso espiritual para recorrer y limpiar mi alma.
Pero un día,  no se cómo, surgió la idea, y con ella las ganas de descubrir una tierra para mi totalmente desconocida. No como peregrina y si como caminante.
Durante el trayecto nos cruzamos con personas de todas las nacionalidades que llevaban meses fuera de casa. ¿? 
Era extraño, por las mañanas parecía un juego, nos soltaban a todos por el campo a la misma hora a seguir la famosa flecha amarilla.  Parecía irreal, las mismas caras que se iban repitiendo, día tras día. Algunos cada vez más demacrados. Si lo piensas bien, da por reír, porque parecía una gincana de lisiados. El que no estaba cojo, estaba lisiado.... y ahí estaban caminando con su pechinita colgada en la mochila. Dicen que la fe mueve montañas, pues será verdad.

mi compañera de fatigas

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